La luz infrarroja se llama así porque, al descomponer la luz solar (por ejemplo, con un prisma), los rayos infrarrojos se desvían menos que los rojos. Esto es porque la luz de «color infrarrojo» se propaga como una onda de longitud de onda más larga que la roja. No vemos el infrarrojo con nuestros ojos, aunque sí lo detectamos con dispositivos electrónicos.