En la cueva El Mirador, en la Sierra de Atapuerca, una colección única de restos humanos ha proporcionado información sobre las prácticas caníbales desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce. A principios de la década del 2000, se descubrieron seis individuos de la Edad del Bronce Temprano (4600-100 cal BP) que mostraban signos de canibalismo. Excavaciones posteriores revelaron restos más antiguos (5709-5573 cal BP) y que las personas caníbalizadas eran de origen local. Los investigadores descartan que se trate de un ritual funerario estable o de una respuesta directa a una hambruna. En cambio, plantean que el canibalismo podría estar vinculado a episodios de violencia intergrupal, en un contexto de tensiones sociales propias del final del Neolítico, un periodo marcado por cambios económicos, demográficos y territoriales.