El paisaje agrario es el resultado fisionómico que adquiere el territorio al aplicar una serie de técnicas productivas encaminadas a producir bienes primarios procedentes de la agricultura, de la ganadería o de la explotación forestal. Hay que tener en cuenta también a la población, que es la responsable de organizar el espacio, y cuyo asentamiento dará lugar a diversos tipos de poblamiento, así como la red viaria, necesaria para poder moverse por el territorio y a la construcción de una serie de edificios con funciones agrarias. El territorio refleja la interacción constante entre el ser humano y la naturaleza, dando lugar a una gran diversidad de paisajes agrarios: desde las grandes llanuras cerealistas hasta los viñedos o los arrozales en terraza, cada paisaje cuenta una historia propia. Todos ellos son, además, testimonio de tradiciones, saberes y formas de vida que han evolucionado a lo largo del tiempo. Comprenderlos es también una forma de valorar y proteger nuestro entorno.